La infancia es una de las etapas más importantes de la vida, también una de las más influenciables, y es trascendental tanto en el desarrollo como en la adquisición de valores y hábitos saludables. Lo aprendido durante estos años tiene un impacto muy fuerte en la configuración de la personalidad del menor, y de su futuro desarrollo vital.
Una de las herramientas más utilizadas para trabajar de manera multidisciplinar con los más pequeños, durante la primera etapa de sus vidas, es el juego y los juguetes. A nivel pedagógico facilita el desarrollo de habilidades cognitivas, sociales, emocionales y motoras.
En la educación infantil, se utiliza el juego y el juguete de manera planificada y estructurada, adaptándolos a las necesidades, edad y características de cada menor. Pero, ¿qué pasa cuando los más pequeños muestran preferencias por un juguete influenciados por la posible publicidad en los medios de comunicación?
Es en este punto donde hay que tener en cuenta que los medios de comunicación tienen un rol especialmente relevante en el pensamiento de los menores. En primer lugar, hay que destacar que la publicidad puede en ocasiones conllevar situaciones de falta de realismo por los juguetes presentados en los anuncios publicitarios, su forma, tamaño o colores; en segundo lugar, y derivada de esta situación, generar una decepción en el menor. También es cierto que, especialmente en los canales infantiles y en determinadas fechas del año, el volumen de anuncios de juguetes es tan alto que los menores pueden estar sobre-estimulados.
Por otro lado, las nuevas tecnologías han desembarcado en el mundo infantil para quedarse, y de ello dan buena cuenta también los anuncios publicitarios. En la actualidad, y con la proliferación de juguetes electrónicos, hay que valorar detenidamente su efecto en los niños. Según los expertos, este tipo de juguetes pueden generar en el menor una actitud pasiva, aunque algunos de ellos puedan tener ventajas como el fomento de la rapidez de reflejos.
En el otro lado de la balanza, las desventajas de los juguetes tecnológicos se centran en el riesgo de sobre-estimulación, la posible disminución de las interacciones sociales del menor, y una posibilidad de generar una dependencia tecnológica.
En definitiva, la influencia de los medios de comunicación en los menores y la elección de sus juguetes deberá estar controlada por los padres y profesionales, revisando el contenido al que acceden los niños y niñas tanto en la televisión como en otro tipo de dispositivos, teniendo en cuenta que dichos juguetes pueden generar decepción o reforzar roles sociales indeseados (sexistas, clasistas, etc.).
La adaptación del juguete a la edad y necesidades del menor, y su uso controlado, facilitará que el menor aprenda de manera segura y divertida, tanto en su etapa de educación infantil como en el hogar.
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